Por: José Mario Minutti Sierra
“Cuando la gente se despierta de su modorra apolítica, lo hace invariablemente bajo la forma de una revuelta populista de derecha, y acaba no siendo raro que muchos tecnócratas liberales ilustrados se pregunten si aquella “apatía” no era, en el fondo, una bendición”
(Žižek, 2022, p.26)
Introducción
Parece paradigmático empezar a ver en España que surge con fuerza una formación como Núcleo Nacional, con fuerte presencia en redes sociales y que ya se plantea la lucha como partido político bajo el nombre de Noviembre Nacional, inscrita en febrero de 2026, para contender en una democracia que aborrecen, pero que quieren transformar desde dentro. Creen en la teoría del Gran Reemplazo y en el supremacismo genético; son antidemocráticos y combaten públicamente a los medios de comunicación que tildan de «medios del gobierno».
Lejos de escandalizarnos por su aparente crecimiento, tendríamos que pensar seriamente en la banalización del concepto de fascismo al hablar de formaciones políticas de derecha que se distanciaban significativamente de lo histórico, y que, más bien, constituían una estrategia política de la izquierda para politizar: “voten por nosotros o vienen los fascistas”. Eso llama poderosamente la atención: la izquierda, en lugar de presentar propuestas que prevengan el desclasamiento, de tratar de rescatar el campo, de abordar los problemas de la vivienda, la sanidad u otros asuntos más relevantes para los votantes, se dedica a exaltar el miedo a “los fascistas” y a las políticas culturales que usualmente a la gente de a pie, trabajadora, no es de su prioridad, mucho menos tras la estrategia bastante efectiva de tildar de woke en el marco de la “batalla cultural” por parte de la derecha.
La banalización del fascismo
Analizando brevemente el fascismo, sus componentes clave son:
- Proyecto totalitario de revolución antropológica basado en la exaltación de la comunidad homogéneamente conformada.
- Ideología pragmática, no teórica, basada en la fe movilizada por los ritos, la estética y los mitos.
- Violencia regeneradora contra los enemigos de la nación fascista.
- Religión política basada en mitos de guerra institucionalizados.
- Comunidad orgánica, viril, mítica y antihedonista.
- Un nuevo orden y una civilización basados en la grandeza de antaño.
- Movimiento de masas interclasista.
- Movimiento modernista.
- Partido milicia con base en excombatientes de la guerra.
- Corporativista.
- Anticomunista y antiliberal.
- Construcción de un Estado totalitario mediante la simbiosis entre el partido y el régimen, basada en un espíritu de camaradería bajo el liderazgo carismático de un solo líder.
- Revolución antropológica.
- Ultranacionalismo palingenético.
Existen cuatro elementos particulares que hacen que la gran mayoría de las formaciones denominadas fascistas en los medios de comunicación no lo sean: el partido-milicia, la pretensión totalitaria, el movimiento modernista y la religión política. Están lejos de los partidos políticos que compiten en democracias, que, si se analizan, son neoliberales. Basta decir que el fascismo era antiliberal, al igual que anticomunista. Emilio Gentile (2019) ya advertía sobre las analogías ahistoriológicas, en las que se hacían comparaciones simples con el fascismo: casi cualquier violencia ya era asimilable al fascismo; cualquier punto de contacto se equiparaba.
Contar también la fuerza que tuvo en las organizaciones de dopolavoro, cuestión analizada de manera exhaustiva por Palmiro Togliatti (1977), en las que el Estado fascista garantizaba recreación, vivienda, ocio y cultura, entre otros elementos que ofrecían garantías sociales, y en las que la población vivía mucho mejor que en las crisis en las que se encontraba. Claro que ello solamente aplicaba a la comunidad orgánicamente conformada; para los enemigos de la nación, las cuestiones de represión o incluso de exterminio resultaron letales, como bien sabemos. Dichas políticas tuvieron sus ecos en proyectos políticos en América Latina, cuestión abordada por Federico Finchelstein (2018).
El neofascismo, por su parte, fue un periodo de reivindicación muy clara del fascismo, con organizaciones como Movimiento Sociale Italiano (MSI), Ordre Nouveau (ON), creadores del Frente Nacional, o Fuerza Nueva de Blas Piñar. Esas organizaciones hacían reivindicaciones claras de fascismo; en la médula, eran sus continuadores, tanto ideológicamente como en sus temporalidades. Esos fenómenos políticos, en el caso de Fuerza Nueva, para el caso de estudio, desaparecieron en el periodo de la transición a la democracia, y Alianza Popular, liderada por Manuel Fraga, terminó ganando el espectro de la derecha, llegando al gobierno con el liderazgo de José María Aznar y transformando su nombre en Partido Popular.
El resurgimiento de la Falange como partido político, que se ve claramente en redes sociales o en el Núcleo Nacional, nos ayuda a comprender que existe realmente un radicalismo que puede acercarse al fascismo. La apología de la violencia, la exaltación de la comunidad, la lucha contra el individualismo, la veta antisistema, la intención de ser un grupo homogéneo, la defensa de una lucha política de amigo-enemigo, entre otros elementos que tendremos que ir dilucidando con el tiempo. La cuestión es que un grupo de choque con tendencias violentas ha creado su propio partido.
¿Y los partidos tradicionales?
Existe un problema de fondo: la izquierda se encuentra totalmente inoperante ante las necesidades de la gente trabajadora; las únicas propuestas se inmiscuyen en lo que, dentro de la “batalla cultural” de las derechas, se articula en el significante vacío de “woke”; fuera de eso, los grandes partidos que deberían defender a las clases obreras se sienten muy cómodos. Tanto la socialdemocracia como la “derecha social” están cómodas con el capital financiero internacional. Por su parte, los partidos de derecha han abandonado las políticas clásicas de su electorado; la frontera entre ambos espectros parece desdibujarse. Si pensamos en materia de integración europea, atlantismo, políticas sociales, cuestiones de derechos sexuales y reproductivos, ¿quién es quién?
Luciano Canfora (2024) es muy lúcido al expresar que, en la actualidad, el gran capital financiero, cada vez más internacionalizado, prefiere utilizar a una izquierda intelectualmente domesticada, ferviente atlantista, europeísta y defensora de la gobernabilidad. Theodor Adorno (2020) fue muy claro al expresar que el “gusano en la manzana” de la democracia liberal era el fascismo, o las formaciones similares al fascismo que crecen en momentos de desclasamiento y de grandes crisis económicas y sociales, en los que un gran grupo no quiere ver pauperizada su forma de vida. En ese momento surgen los enemigos, los que ocasionan los problemas; difícilmente se ven cuestiones estructurales y es más común ver pigmentaciones de la piel o la forma de hablar.
Viene el lobo: a manera de conclusión
Héctor Cuenca Soriano (2024) escribe con lucidez el título “Fascistas somos todos”, lo cual evidencia la banalización del concepto. Si se usa de forma tan laxa, entonces el concepto pierde su valor heurístico para todos los que nos parecen más de derechas que otros. Giovanni Sartori (1984) hablaba del ensanchamiento de los conceptos: la definición se estira demasiado para determinar quiénes son o no fascistas, recurriendo a analogías que resultan, en muchas ocasiones, inverosímiles. En ese marco, no es difícil ver artículos de opinión o expresiones en las que se afirma que los cristeros mexicanos son fascistas, que Javier Milei es fascista, que Eduardo Verástegui es fascista, que también lo era Mariano Rajoy, que los profesores que imparten disciplina en los colegios son fascistas, y que el cura de una Iglesia que pide a la feligresía que se vista apropiadamente es un fascista. Si todo es fascismo, nada es fascismo, y cuando algo parece fascista, ya no tiene sentido hablar de ello.
Los cuentos infantiles nos dan grandes enseñanzas: tanto se ha explotado el tema de que viene el lobo que se tiene que votar a la izquierda para que no lleguen los fascistas, pero, a la hora de gobernar, son los más propensos a ser serviles al capitalismo financiero. Cuando surgen o se fortalecen estos grupos, producto de una serie de factores sumamente complejos, ya hablar de que son fascistas a la gente no le interesa; tiene problemas mucho más grandes, como ver qué va a comer, dónde va a vivir o qué trabajo elegir, que, si alguien le ofrece, aunque sea un ápice de futuro, puede que tome esa opción ante el hartazgo, Eva Illouz (2023) habla muy claro de esas emociones. No se trata tanto de Núcleo Nacional como de la banalización de conceptos y, en particular, de regímenes políticos que, sin duda, fueron los que marcaron el siglo XX en sus países de forma determinante.
Bibliografía:
- Adorno, T. W. (2020). Rasgos del nuevo radicalismo de derecha. Taurus.
- Canfora, L. (2024). Il fascismo non è mai morto. Edizioni Dedalo.
- Cuenca Soriano, H. (2024, 1 de octubre). Fascistas somos todos. Incluso Mussolini. Topo Express (El Viejo Topo).
- Finchelstein, F. (2018). Del fascismo al populismo en la historia. Taurus (Penguin Random House).
- Gentile, E. (2019). ¿Quién es fascista? Alianza Editorial.
- Illouz, E. (2023). La vida emocional del populismo: Cómo el miedo, el asco, el resentimiento y el amor socavan la democracia. Katz Editores.
- Sartori, G. (1984). La política: Lógica y método en las ciencias sociales. Fondo de Cultura Económica.
- Togliatti, P. (1977). Lecciones sobre el fascismo. Ediciones de Cultura Popular.
- Žižek, S. (2022). Contra la tentación populista. Ediciones Godot.
Lecturas recomendadas:
- Botti, A. (1992). Cielo y dinero: El nacionalcatolicismo en España (1881-1975). Alianza Editorial.
- Botti, A. (2005). Algo más sobre el nacionalcatolicismo. En J. Cueva y Á. López (Coords.), Clericalismo y asociacionismo católico en España: de la Restauración a la Transición (pp. 195–212). Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.
- De Felice, R. (1979). Entrevista sobre el fascismo con Michael A. Ledeen. Editorial Sudamericana.
- Gentile, E. (1990). Journal of Contemporary History, 25(2), 229–251.
- Gentile, E. (2004). Fascismo: Historia e interpretación. Alianza Editorial.
- Gentile, E. (2005). Political religion: A concept and its critics – a critical survey. Totalitarian Movements and Political Religions, 6(1), 19–32.
- Rodríguez, J. (1998). ¿Nuevos fascismos? Extrema derecha y neofascismo en Europa y Estados Unidos. Ediciones Península.
- Savarino, F. (2011). Algunas consideraciones sobre la revolución fascista. Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 20(39), 38–56.
- Savarino, F. (2015). Fascismo y sacralidad: Notas en torno al concepto de «religión política». Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 24(47-3), 110–137.
- Schmitt, C. (2009). El concepto de lo político. Alianza Editorial.


Deja una respuesta