La Guerra Civil Española vista desde Foreign Affairs: dos miradas y un testigo

La presente entrada de blog surge de una coincidencia: me encontré con tres textos publicados en la revista Foreign Affairs, escritos por periodistas y observadores extranjeros; algunos describen escenas crudas de la Guerra Civil Española (1936-1939), un conflicto fratricida y el preludio de la Segunda Guerra Mundial. Es de suma importancia analizar el pasado para cuestionar proyectos políticos que buscan “salvar las naciones”, independientemente del espectro político de su origen.

Lawrence A. Fernsworth (octubre de 1936) menciona que, a pocos meses de estallar el conflicto, ya se veía una milicia ciudadana armada en las calles, con fusiles en el hombro y pistolas en las manos, con barricadas, sin uniforme establecido: ciudadanos armados. En ese contexto, menciona que varias iglesias, monasterios y conventos ya habían sido incendiados por completo, con sacerdotes y monjas dispersos y asesinados, así como con simpatizantes del alzamiento. Del otro bando también había innumerables víctimas, entre campesinos, trabajadores y republicanos, lo que indicaba que la tierra estaba empapada de sangre.

Establece el momento culminante para que se dé el levantamiento en el Marruecos español de los franquistas, iniciando con el asesinato del dirigente monárquico y ministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera, Calvo Sotelo, personaje que fue sacado de su domicilio por la policía de asalto, trasladado en un camión policial y posteriormente entregado, con una herida mortal de bala en la cabeza, al portero de un cementerio de Madrid. Su hipótesis es que, para los del gobierno, dicho personaje era un dirigente secreto de los fascistas, instigador de una serie de asesinatos, algo imposible de demostrar; lo que sí es que dicha policía, creada por la República para defenderla, estaba convencida de esa hipótesis.

Cuatro días después, las guarniciones de Marruecos español, bajo el mando del general gallego Francisco Franco, se rebelaron; al día siguiente, se produjeron levantamientos en la península. El levantamiento, catalogado por el autor como una rebelión contra la República, fue obra de tres fuerzas principales, según su criterio: un pacto bien sellado entre las clases privilegiadas y propietarias, el Ejército y la Iglesia.

Sobre los militares, es destacable el papel de la organización “Unión Militar Española”,  que llevaba ya dos años fomentando la rebelión militar, mencionando el autor que tenía en sus manos pronunciamientos secretos que llamaba a los militares a “salvar a España” de un “complot internacional” que tenía la intención de “pulverizarla”, promoviendo la ruina de la religión católica, de la familia española, del trabajo y del capital. En ese marco, destaca que la República había intentado limitar el poder del Ejército, moderando sus fueros y sometiéndolos a la autoridad civil, lo que, según el autor, contribuyó al malestar del Ejército.

La Iglesia llama poderosamente la atención, una que en esos tiempos era fundamental, administradora de los sacramentos. Tanto el cobro de los ritos como la doble vida de algunas personas del clero llevaron a amplios sectores a alejarse de la Iglesia y a considerarla un negocio, en un contexto de personajes que buscaban ser la máxima autoridad en el pueblo. Por otro lado, estaban los anticlericales, que postulaban una distinción entre el clericalismo y el catolicismo. Merece, para el autor, especial atención la orden franciscana por su acercamiento al pueblo, su servicio a las comunidades y sus instituciones educativas y caritativas, muy queridas por todos, incluso por los revolucionarios.

 Dicho texto marca los inicios del conflicto, pero menciona, casi al final, que, por un lado, el gobierno constitucional se trataba de defender ante los embates de unas fuerzas que buscaban mantener sus intereses. Se abrieron las puertas de la revolución a masas enfurecidas e inexpertas, decididas a batallar con proyectos de país contrapuestos: una guerra que ensangrentó el país, una guerra fratricida.

Herbert L. Matthews (julio de 1939) aborda la complejidad de establecer el franquismo tras la Guerra Civil española. Enmarca que su movimiento, desde el inicio, contó con el apoyo de las grandes empresas, de los militares del Ejército, de la aristocracia y de la Iglesia, junto con las clases trabajadoras, campesinas y estudiantes, principalmente vinculadas a organizaciones carlistas y falangistas. Todo eso, según el autor, pudo lograrse gracias a dos grandes sucesos: el primero fue la intervención directa de Alemania e Italia en la guerra. La segunda fue la política de “no intervención” de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Dichos sucesos fueron fundamentales para el desarrollo de la guerra.

Los problemas de Franco eran significativos, según el autor, e incluían la formación de un gobierno, la desmovilización del ejército, la reactivación del sector empresarial, la restauración del orden, la reanudación de la educación, la definición del papel de la Iglesia y de España en la política internacional. Lo que entreveía era la construcción de un gobierno con tendencias totalitarias, retomando lo que en la guerra había dicho que defendería los derechos de los individuos, del capital y de la propiedad, y declarando después que todo estaría subordinado a los intereses del Estado, aunado a que las doctrinas raciales de sus aliados no se aplicarían en España.

Lo que era evidente era que el régimen liberal había terminado. Lo esencial era proyectar una apariencia de orden, con un ejército intacto, aliados italianos en territorio y la Gestapo alemana ayudando en labores policiales durante la guerra. Medular, en ese contexto, es la denominada “limpieza” que se llevó a cabo durante la Guerra Civil y que se siguió realizando; la paz consistía en que su consolidación pasaba por destruir a los enemigos del nuevo régimen o neutralizarlos, cuestión que se analizará con mayor profundidad en el testimonio de Whitaker. Existía la posibilidad de redención mediante el trabajo y la buena conducta, con 2.000.000 de personas fichadas, con pruebas de delitos, nombres y testigos. Establece que más de la mitad de las exportaciones de mineral de hierro de las provincias vascas, que oscilaban entre 90.000 y 120.000 toneladas, tenían como destino Alemania. Junto con lingotes de acero, pieles curtidas, toneladas de azúcar, cargamentos de aceites, grasas, frutas, cemento e incluso trigo.

Establece que el papel de la Iglesia española fue central para apoyar a Franco, brindando apoyo espiritual y material, teniendo en cuenta que la Iglesia había sido despojada de todo su poder material y espiritual. De cara al régimen que se estaba formando, se estableció el matiz de la incompatibilidad entre el catolicismo y el fascismo, entendiendo que ni iba a quedar completamente en libertad ni completamente sometida, lo que posteriormente dio pauta a la simbiosis entre ambas.  

Dos claves más resultaron fundamentales ese año. La primera era el papel geopolítico de España de cara a la Segunda Guerra Mundial, tanto por su capacidad para controlar el Mediterráneo como por disponer de hombres con experiencia bélica. El otro factor era la influencia geopolítica que el gobierno español podía ejercer en Sudamérica, central para Estados Unidos, lo cual se consideraba un precio a pagar. La “no intervención” en el conflicto abrió una vía fascista en el propio hemisferio, debido a la capacidad de España para ser la “Madre Patria”. La España fascista sería clave para lo que llama “sus hijos sudamericanos”.

El testimonio de John T. Whitaker (octubre de 1942) es demoledor, ya que estuvo dos meses en el frente con las fuerzas de Franco, con una habitación en Talavera de la Reina como base de operaciones, durmiendo como mínimo dos noches por semana, y menciona que todos los amaneceres sonaban las descargas de los pelotones de fusilamiento en el patio del cuartel; calcula unos treinta fusilados al día. Menciona que los hombres hablaban de la muerte con conocimiento y afecto, como si fuera una mujer, con olor a cadáveres en descomposición que acompañaba el día, atestiguando que una vez se le puso brandy en las fosas nasales para tratar de quitarlo.

Entre los ejecutados, menciona que muchos eran campesinos o trabajadores, que su pecado fue tener tarjeta sindical, haber votado a la República o ser masones. Escribe que si te denunciaban por esos delitos, tenías una audiencia de dos minutos y luego la pena capital. A ello le llamaban la “regeneración” de España. Los que no querían estar en ningún bando se iban de los pueblos, escondiéndose en las colinas o en los campos, huyendo de la muerte, pero regresaban por el frío o el hambre a tentar su suerte. La norma básica de Franco era: “Quienes no están con nosotros, están contra nosotros”.

Escribe que atestiguó, en las cunetas de las carreteras, cadáveres de soldados republicanos uniformados, de los cuales se percató de que más de la mitad estaban atados. José Sainz, jefe de los falangistas de Toledo, le mostró un cuaderno en el que llevaba anotados sus fusilamientos y presumía de haber ejecutado personalmente a 127 prisioneros rojos en cuatro meses de actividad. En el frente, con total libertad, estaba el capitán Roland von Strunk, el principal agente de Hitler en España. Escribe que era habitual ver a “los moros” saqueando, destruyendo puertas y robando todo lo que podían. Los primeros prisioneros cuya ejecución presenció fueron acribillados en un pueblo llamado Santa Olalla, donde fueron llevados a la calle, gracias a que se escabulló al frente solo. Menciona que, como ganado, los oficiales franquistas dieron cigarros mientras, por el otro extremo, los moros instalaron las ametralladoras frente a los seiscientos prisioneros, cuya ejecución Whitaker presenció desde las ruinas de un café. En otro suceso, el coronel Yagüe, comandante en Badajoz, le afirmó que fusilaron a 4.000 rojos. Escribe que los “regeneradores de España” no negaban que entregaban deliberadamente a mujeres blancas a los moros, difundiendo por el frente que las mujeres encontradas con los rojos sufrirían el mismo destino.

Escribe sus conversaciones con el capitán Aguilera, uno de los principales responsables de prensa de Franco, agregado militar en Berlín durante la última guerra, quien le declaró que tenían que matar, matar y matar. En sus conversaciones, escribe que mencionó que uno de los problemas era la fontanería moderna con el alcantarillado, donde no existían pestes ni epidemias entre las masas, lo que hacía que se multiplicaran en exceso y se infectaran con el virus del bolchevismo. Escribe también que Aguilera le afirmó que debía limpiar el país, librarlo del proletariado, lo que repercutiría en una buena economía; así, ya no existiría el desempleo. Con respecto a la mujer, si es infiel, menciona que “él la matará a tiros como a un perro”, lo que ataca la idea de que deban acudir a un tribunal y de que no se debe interponerse entre un hombre y su esposa. Aguilera le destacó que Estados Unidos y Gran Bretaña se estaban convirtiendo en comunistas, al igual que los franceses. Problema de la era de la razón: las masas, a su juicio, no están capacitadas para pensar.

Aguilera acusa a los ingleses de haber creado el capitalismo, considerándolos criminales que deben pagar por sus actos; debería limpiar sus propias casas, o, de lo contrario, los españoles, junto con los alemanes e italianos, lo harían y reconquistarían los territorios que perdieron en América gracias al imperialismo protestante. Dicho personaje empezó a dudar del propio corresponsal. Mencionó que, una madrugada, a las dos, él y un agente de la Gestapo lo despertaron para decirle que no volvería al frente, salvo que fuera escoltado. La próxima vez que fuera sin escolta, lo matarían y dirían que fue consecuencia de una acción enemiga. La conclusión era que la “purificación” de España se realizaba mediante la liquidación de los rojos, entre los que se incluían todos los que habían votado por la república. Estipula que la Gestapo alemana instruyó a los falangistas en técnicas de terrorismo, manteniéndolos alejados del frente, pero señala que, detrás de las líneas, asesinaron a al menos medio millón de personas.

Geopolíticamente, escribe que desde el inicio los alemanes e italianos los apoyaron, a veces disfrazados de turistas, citando a Hermann Göring y Galeazzo Ciano. En las primeras semanas de combate, las tropas de la Legión Extranjera y las tropas moras viajaron a la península gracias a los aliados de Franco. De acuerdo con lo escrito, los pilotos de Mussolini realizaron 86.420 incursiones aéreas sobre España y 5.318 bombardeos, arrojando 11.584 toneladas de explosivos. Claramente, todo eso lo tuvieron que pagar después. En ese sentido, escribe que los defensores de España invadieron la península con militares y moros transportados por italianos y alemanes. En el frente, la misma fórmula: la ayuda de los alemanes, así como la de los italianos junto con los marroquíes, fue fundamental para que los franquistas ganaran.

Es evidente que todo lo aquí citado puede matizarse a la luz de los hechos y del tiempo. Lo relevante es mostrar la imagen de los sucesos vistos por personajes que los vivieron en el momento en que se desarrollaban, a través de un corresponsal de guerra que vivió de primera mano experiencias desgarradoras. Los relatos de ambos bandos nos ayudan a pensar, reflexionar y cuestionarnos internamente sobre la relevancia de estos hechos en la actualidad. Tenemos que reflexionar sobre que lo narrado aquí ocurrió hace menos de cien años. Es una historia que nos interpela personalmente. No sería extraño que cada lector conociera a alguien que vivió el contexto de la Guerra Civil Española. Mi propia abuela materna fue una “niña de Morelia”, una que tuvo que venir a México con sus dos hermanos para salvarse de los horrores de la guerra.

Tenemos que ser reflexivos y no caer en las narrativas de odio, en polarizaciones estériles y en la idea de cuidarnos de los “salvadores de las patrias”, sin importar de qué bando vengan. Tener particular atención a quienes pretenden un puesto público, a su forma de comunicarse, de tratar al adversario político, de ver si tienen capacidad de diálogo o solamente de imposición, de ataque, de ridiculizar. La historia no se repite mecánicamente, pero puede ofrecer advertencias sobre el presente. En un momento de interregno, no debemos dejar que el miedo y la ansiedad nos carcoman; siempre queda esperanza y un futuro mejor por construir.

Fernsworth, Lawrence A. “Back of the Spanish Rebellion.” Foreign Affairs 15, no. 1 (October 1936). https://www.foreignaffairs.com/spain/back-spanish-rebellion

Matthews, Herbert L. “Franco’s Problems.” Foreign Affairs 17, no. 4 (July 1939). https://www.foreignaffairs.com/spain/francos-problems

Whitaker, John T. “Prelude to World War: A Witness from Spain.” Foreign Affairs 21, no. 1 (October 1942). https://www.foreignaffairs.com/spain/prelude-world-war

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