España cristiana, no musulmana: Ceuta, Falange y Núcleo Nacional en Valladolid

El 2 de septiembre acudí a la Plaza Mayor de Valladolid a una concentración en el Día de Ceuta, convocada en un contexto marcado por la entrada de miles de marroquíes a territorio español. Desde mi llegada, uno de los elementos que más llamó mi atención fue la presencia del Núcleo Nacional, cuya participación se hizo particularmente visible entre los asistentes gracias a sus banderas negras con su símbolo. El grupo desplegó una bandera de grandes dimensiones en medio de la Plaza Mayor y se situó prácticamente en primera línea, cerca del espacio donde tendría lugar el acto organizado por el Ayuntamiento.

Junto a Núcleo Nacional se encontraban también miembros o simpatizantes de la Falange, identificables por sus banderas; uno de ellos llevaba una suerte de boletos con simbología falangista, por lo que parecía tratarse de información de reclutamiento para los interesados. Una de las pancartas más grandes era precisamente una blanca con el lema «Guerra al invasor» y el logo de la agrupación. También podían observarse numerosas banderas españolas, aunque muchas de ellas llevaban símbolos que permitían identificar distintas posiciones en el espacio político de la concentración.

Entre las banderas presentes había algunas españolas con el águila bicéfala y el escudo de España en el centro, en una representación vinculada a la simbología de los Habsburgo. También había banderas españolas con representaciones del Valle de los Caídos, con la Cruz Cristiana, con la Cruz de Borgoña, con la cruz celta de Ordre Nouveau y otra que incorporaba al Sagrado Corazón de Jesús. La diversidad de símbolos resultaba significativa, pues mostraba una combinación de nacionalcatolicismo español, referencias monárquicas alternativas a la dinastía borbónica actual, tradicionalismo católico y simbología vinculada a la tradición falangista.

Entre los integrantes de Núcleo Nacional se encontraban dirigentes adultos, de unos sesenta años, de ambos géneros, acompañados de jóvenes y adolescentes, con una gran transversalidad en cuanto a la edad. Me llamó especialmente la atención la presencia de un joven de aproximadamente 12 o 13 años, vestido con una camiseta negra de Slipknot, que realizaba el saludo franquista. Asimismo, pude observar a adolescentes y jóvenes participando activamente en las dinámicas del grupo, incluidos la toma y el despliegue de la gran bandera de España, rodeada de banderas negras de Núcleo Nacional.

Los cánticos constituían otro elemento particularmente visible de la concentración. Entre las consignas escuchadas se encontraban «Felipe, masón, defiende tu nación» y «Pedro Sánchez, hijo de puta». Antes de iniciar el acto, se acercó la prensa de Televisión Española (TVE). Algunos participantes comenzaron a gritar: «Prensa española, es una traidora». Se escuchaban consignas como «España cristiana, no musulmana», «No es inmigración, es una invasión» y «Ayudas sociales a los nacionales». También se realizaron proclamas favorables a una «reinmigración masiva».

El alcalde fue el principal participante en el acto organizado por los ayuntamientos españoles en solidaridad con Ceuta. Durante su discurso, hizo referencia a la Constitución española de 1978. Dicha referencia fue recibida con abucheos por algunos asistentes. Además, se escucharon proclamas en las que se afirmaba que la Constitución de 1978 era «la destructora de la nación española». Este comportamiento parecía expresar un rechazo explícito al orden constitucional vigente y, más ampliamente, a la legitimidad del régimen político surgido de la Transición.

El alcalde hizo alusión a que Valladolid tenía una importancia particularmente significativa para Ceuta, ya que, según su interpretación histórica, ese territorio fue incorporado a la Monarquía Hispánica durante el reinado de Felipe II. Este último nació precisamente en Valladolid, en el Palacio de Pimentel, y fue bautizado en la iglesia de San Pablo. También mencionó que en Valladolid había muerto Cristóbal Colón y que fue sede de los Reyes Católicos. De este modo, presentó a Valladolid como un espacio especialmente vinculado a la historia de España y de Ceuta, así como a la memoria histórica de los españoles.

Una vez concluido el acto del Ayuntamiento, se registró una disminución considerable del número de personas concentradas en la plaza. Una parte importante de los asistentes se retiró, mientras que otras personas permanecieron en los alrededores, aprovechando que la Plaza Mayor es un espacio comercial y de ocio, con numerosos bares, terrazas y heladerías. Algunas personas se sentaron en los establecimientos, mientras que otras permanecieron en la zona, consumiendo o realizando actividades propias, como conversar o tratar de salir de la plaza, con las calles saturadas.

En ese momento se instauró una dinámica particular con Núcleo Nacional. Después de abandonar inicialmente la Plaza Mayor con la bandera española en medio, el grupo volvió a entrar para realizar su propia concentración. Este segundo momento, sin embargo, tuvo un aforo considerablemente menor que el del acto institucional del Ayuntamiento. La diferencia era visible: buena parte de las personas que habían acudido inicialmente para manifestar su apoyo a Ceuta ya se había retirado; quedaban los simpatizantes, gente joven y algunos curiosos observadores. En su evento, el micrófono no funcionó; aunque habían llevado su propia bocina, terminaron usando un megáfono de baja potencia.

La percepción del tamaño del grupo de Núcleo Nacional durante esta segunda concentración estaba, además, condicionada por el uso de una bandera de gran tamaño. El despliegue de esta bandera ocupaba una parte considerable del espacio y hacía que el grupo pareciera visualmente más numeroso de lo que realmente era. Esto constituye un elemento relevante desde el punto de vista simbólico: la bandera funcionaba como un mecanismo de ocupación y apropiación visual del espacio público y de los símbolos nacionales. Entre las últimas expresiones que pude escuchar se encontraban «Viva España» y «Viva Cristo Rey», que sintetizan la combinación de su repertorio simbólico y su relación con el nacionalcatolicismo.

Resultó llamativa, por otra parte, la escasa presencia de los partidos políticos tradicionales. No observé una participación significativa de formaciones partidistas en la Plaza Mayor. Posteriormente, pude comprobar que en el perfil de Instagram de Vox Valladolid se había publicado una imagen en la que se señalaba la participación del partido en el evento mediante una pancarta y videos con mensajes de sus dirigentes. Sin embargo, durante mi presencia en la plaza no pude identificar una representación significativa ni claramente visible de Vox; incluso al final fui a las oficinas del Partido Popular y de Vox para ver si había gente haciendo proselitismo, pero no había nadie.

La presencia de Núcleo Nacional fue, en cambio, particularmente evidente. El grupo ocupó una posición destacada, prácticamente frente al espacio donde se desarrollaría el acto, y su simbología —pancartas, banderas y consignas— lo hizo fácilmente identificable en la concentración. Junto a ellos, personas de la Falange, que no iban con sus tradicionales colores azules, iban, en gran medida, de negro. Me llamó la atención un participante cercano a la bandera de la Falange que interactuaba con quien la alzaba, aparentemente otro militante de dicha organización. Este último llevaba una playera negra cuyo reverso mostraba las tres carabelas de Cristóbal Colón y el año 1492.

En las calles aledañas a la Plaza Mayor también observé el paso de un reducido grupo de personas, aparentemente vinculado al movimiento anarquista; muchas de ellas llevaban playeras de la banda Rat-Zinger, de la cual tuve que informarme posteriormente. Vestían predominantemente de negro y portaban banderas anarquistas. El grupo se desplazaba por las calles próximas al lugar de la concentración y parecía dirigirse a otra actividad o concentración propia. Su presencia, sin embargo, no tuvo la misma centralidad ni visibilidad en la Plaza Mayor que la alcanzada por Núcleo Nacional.

En conjunto, la concentración presentó una combinación heterogénea de símbolos y discursos vinculados al nacionalcatolicismo, al falangismo, al rechazo de la inmigración, al antisanchismo y a la crítica del orden constitucional vigente. Dentro de ese espacio, Núcleo Nacional fue el actor que mostró una presencia más organizada y visible. Particularmente significativa resultó la coexistencia entre participantes de mayor edad, que parecían ocupar posiciones de organización o liderazgo, y adolescentes y jóvenes que participaban activamente en las dinámicas, consignas y acciones simbólicas del grupo. Resultó significativo que el grito de «Pedro Sánchez, hijo de puta» se extendiera entre buena parte de los asistentes.

Nota metodológica: Esta relatoría se basa en la observación directa de la concentración en la Plaza Mayor de Valladolid el 2 de septiembre de 2026. Las referencias a afiliaciones o vinculaciones políticas provienen de la simbología visible durante el acto y, cuando corresponde, se expresan como apreciaciones del observador. La información obtenida posteriormente a través de redes sociales se distingue de la observada en la concentración. La finalidad de esta entrada no es realizar un análisis en profundidad, sino presentar los elementos observados.

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